19.8.16

El triunfo celestial
de la clemencia



En los tiempos que corren la expresión contra natura tiene una nueva connotación negativa. Si desde hace siglos la clerigalla considera antinatural el sexo por mero placer –como si las ratas copularan por deseo de procreación–, ahora se le han unido otros sectores para los cuales el ir contra los dictados de la madre suprema (Gaia o Pachamama, pongámosle) es un pecado mortal necesariamente asociado con la deforestación catastrófica, la ingesta de cancerígenos o ese Apocalipsis indeterminado que va, según la temporada, de los hielos del invierno nuclear a los sofocos del calentamiento global. En contraste, toda cosa material o actividad que sea biodegradable y rica en fibra será vista como signo inequívoco de santidad.

Pero no. Ultimadamente no hay elaboración más artificial que la preocupación por el entorno o que la ética, la cual es un esfuerzo racional por desnaturalizarnos, es decir, por reprimir nuestros instintos naturales con base en principios superiores que no aparecen en estado natural por ninguna parte. Otra cosa contra natura es la compasión. Salvo en algunos dudosos videos de Youtube, como ese en el que un gato le da de comer a un pajarito famélico, no veremos nunca que un tiburón, como no sea por saciedad, le perdone la vida a una sardina, que un cisticerco sienta remordimientos por el deterioro físico que pueda causarle a su organismo anfitrión ni  que un grupo de leonas organice un taller de sororidad con las cabras. Incluso quienes creen en el karma y el ciclo de reencarnaciones, como Else Byskov, reconocen que “en el reino animal [es decir, en el ámbito de lo meramente natural] no hay cabida para la piedad o la compasión” y que se trata de matar o morir”. Pensándolo bien, la observación es plenamente aplicable al reino vegetal, como me quedó claro con la muerte reciente de mi limonero, asesinado por un filodendro ojete que lo privó de la luz solar. Posiblemente la excepción (a menos que decidan creerle al video de Youtube) sean los mamíferos superiores y, especialmente, los primates. Frans De Waal, aunque detractor de la teoría del contrato social (que es eminentemente humanófila), señala que chimpancés, bonobos y otros primates “tienen capacidades para la reciprocidad y la venganza, la aplicación de normas sociales, la agresión, la resolución de conflictos, la compasión y la empatía”.

La razón de la escasez (por no decir ausencia total) de piedad en especies no humanas es simple: ese sentimiento tiene como condición previa la empatía, que es la capacidad de imaginar, conocer o cuando menos percibir, los sentimientos del otro, y requiere de habilidades cognitivas y emocionales no muy presentes que digamos en organismos escasos de tejido neuronal.

Es cierto que esta idea de la compasión como atributo casi exclusivo de los humanos (o de los primates en general), leída en clave antropocéntrica, da pie a la idea de una superioridad humana sobre el resto de las especies e incluso a la fábula chovinista del “rey de la creación”. Y esas concepciones han fundamentado la realización de innumerables atrocidades, cometidas en lo individual o en lo social, y han aceitado, con respecto a los animales, el sentimiento contrario a la piedad: la felicidad por el sufrimiento o dolor de otro ser u organismo, una cosa horrible para la que el español sólo tiene el verbo “regodearse”, que el alemán codifica en una palabra precisa, schadenfreude, y para la que los tecnócratas neoliberales mexicanos tienen una clara vocación.

Ahora imagínense que no estamos en la segunda década del siglo XXI sino en la última del XVIII, y no en los ámbitos ilustrados de Europa sino en el pueblo de la Real Corona de Chiapa de Indios, hoy Chiapa de Corzo. En ese tiempo y lugar fue compuesta la fábula La tentativa del león y el éxito de su empresa, en la que se “sintetiza a la perfección las inquietudes comunes a los enciclopedistas hispanoamericanos de finales de aquella centuria, al tiempo que anticipa las preocupaciones sociales y culturales de los grandes libertadores del siglo siguiente”. Se trata de un romance heroico de 414 versos (es decir, endecasílabos asonantados en los pares) en el que un joven león inexperto, ególatra y necio, se niega a aceptar que hay un animal capaz de vencerlo –el humano– y parte en su búsqueda para reafirmarse. Cuando por fin lo encuentra, es derrotado en primera instancia por el ingenio del bípedo y en segunda y definitiva, por su piedad.

Es un tanto extraño que, cuando hablan de fabulistas mexicanos de la época, autores como Pedro Henríquez Ureña, José Juan Tablada o Arturo Orozco Torre mencionen al michoacano Fray José Manuel Martínez de Navarrete (1768-1809) y omitan al autor de La tentativa, el chiapaneco Matías Antonio Córdova Ordoñez, o Fray Matías de Córdova, como pasó a la historia, aunque no mucho. Es raro también que éste, a pesar de su decisiva intervención para la separación de Chiapas de Guatemala sea lectura obligatoria en las escuelas del país vecino y no en las de México salvo, claro, las chiapanecas.

Aquel dominico, tapachultense de nacimiento (17 de marzo de 1766) era individuo leído y hombre de mundo. Estudió primeramente en el Seminario de Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas), luego cursó Teología y Escolástica en la Universidad de San Carlos de Borromeo (Guatemala) y se infectó allí con la lectura de autores prohibidos como Locke y Condillac. Como sacerdote era “fuerte y decidido amparo de la raza indígena”. Alguna fuente menciona una oscura y breve huída de Guatemala, junto con su amigo Joaquín Galve, por una acusación de apostasía. El hecho es que formó parte de la Sociedad Económica de Amigos del País, se relacionó con intelectuales y científicos procedentes de diversas regiones del reino, como Longino Martínez, José Cecilio Del Valle y Mariano Mociño, viajó a Madrid, comisionado para reorganizar la organización provincial de su orden, y presenció allí la invasión napoleónica. A su regreso se instaló en SCLC y fundó una escuela en la que experimentó métodos pedagógicos de alfabetización especialmente concebidos para este continente y recogidos en varios volúmenes. Introdujo la primera imprenta de la provincia y fundó el periódico El Pararrayos.

Para entonces las ideas libertarias llegaban a tierras chiapanecas por medio de El Editor Constitucional, publicado en Guatemala, y hasta donde se sabe el dominico conservó un perfil bajo durante la guerra de Independencia; no fue sino hasta que Iturbide proclamó el Plan de Iguala que se decantó abiertamente por la causa independentista. El 28 de agosto de 1821, en lo que se conoce como Grito de Comitán, Matías arengó a los presentes en una misa celebrada en el templo de San Sebastián a secundar al Ejército Trigarante. Lo que siguió fue una pugna entre quienes querían mantener a Chiapas unida a lo que había sido la Capitanía General, los que se inclinaban por una república independiente y el bando que a la postre triunfó, que propugnaba la unión con México, y en el que Matías de Córdova tuvo un papel destacadísimo. Murió unos años después (1828), en Chiapa de Corzo, en donde se desempeñaba como prior del Convento de Santo Domingo. Bueno, pero si no lo han leído, está aquí y acá.

16.8.16

AMLO no tiene nada

El presidente nacional del partido en el gobierno, Enrique Ochoa, ha informado, en su correspondiente 3 de 3, que posee inmuebles por un valor conjunto de cerca de 20 millones de pesos, además de 50 automóviles comprados al contado, más de millón y medio de pesos en obras de arte y activos intangibles” por 8 millones.

Por su parte, Alejandra Barrales, presidenta nacional del PRD, tiene una casa en la capital que vale más de 13 millones de pesos, un depa en Acapulco con valor de 8 millones, un departamento más, un terreno en el Estado de México un Mercedes Benz que costó más de medio millón, otro coche (donado) de 220 mil, dinero en el banco (más de un millón de pesos) y acciones en una empresa transportista (medio millón).

Miguel Ángel Mancera, quien formalmente no encabeza ningún partido pero que en los hechos ostenta, por medio de la anterior, el control de la presidencia perredista, tiene una fortuna de 43 millones de pesos, similar a la declarada (no en la 3 de 3) por Enrique Peña Nieto, compuesta por casas, departamentos, locales, menaje de casa, obras de arte, joyas y acciones.

Todo lo anterior ha sido recibido sin novedad por los medios hegemónicos y por la mayor parte de la clase política. En cambio, la declaración 3 de 3 de Andrés Manuel López Obrador, presentada la semana pasada, levantó una ola de críticas iracundas. Varios personeros del régimen se le fueron encima porque les pareció del todo inverosímil que un político con larga trayectora, ex candidato presidencial en dos ocasiones y presidente nacional de un partido, carezca de bienes significativos. El hecho de que AMLO no tenga automóvil propio ni una casa a su nombre ni tarjeta de crédito y que revele sin ambages la modestia de su situación financiera ha enfurecido a priístas, panistas y perredistas. Lo han llamado mentiroso, simulador, hipócrita y demás lindezas.

La situación patrimonial declarada por el dos veces candidato presidencial dista mucho, sin embargo, de ser excepcional: en el mejor de los casos, sólo 20 millones de mexicanos (una sexta parte de la población total) cuenta con tarjeta de crédito; 66 por ciento responde que viven en  casa propia, aunque su hogar no esté a su nombre sino al del cónyuge o al de un pariente; cabe suponer que sólo un 20 por ciento o menos de la población ha tenido la fortuna de inscribir su nombre en una escritura inmobiliaria. En cuanto a vehículo propio, Calderón dijo hace cinco años que 44 por ciento poseía uno, aunque cabe suponer que hijos y pareja del propietario real también se ostentan como tales.

No tener coche, casa ni tarjetas de crédito es, pues, representativo de un vasto sector de la población del país. Pero ningún encuestador pregunta al encuestado si tiene más de 20 automóviles, o cuando menos un Mercedes Benz, ni inquiere sobre inmuebles de extremado lujo en Acapulco ni interroga acerca de la posesión de acciones en la bolsa. Se entiende que los individuos poseedores de tales bienes forman parte de una élite minúscula que ni aparece en las cifras del INEGI y que, sin embargo, maneja a su arbitrio los dineros de la nación. Cómo no va a haber crisis de representatividad si se presenta como natural el hecho de que los políticos deban ser o volverse ricos.

Lo correcto, piensa uno, sería indignarse ante la persistente fusión entre las figuras del funcionario y el magnate, así como el cinismo con el que empleados públicos y representantes populares se embolsan, de manera perfectamente legalizada, millones de pesos del erario. Pero la 3 de 3 de AMLO puso ante el espejo a políticos que --uno supone-- tendrían que estar más dedicados a atender y resolver asuntos públicos que a multiplicar su dinero y que forman parte de la ínfima minoría de beneficiarios de un país con hambre. Porque, como dice José Mujica, que te guste la plata no tiene nada de malo, pero si te gusta la plata no te metás a la política”.

O será que es normal volverse rico en dos o tres décadas de servicio público y que lo monstruoso es estar en la política y no acumular.

Para acabarla de arruinar, la 3 de 3 del tabasqueño hizo claro que ese formato que nos presentaban como un dique mágico contra la corrupción no servirá para maldita la cosa –como no sirve de nada el pomposo “Sistema Nacional Anticorrupcion” recientemente aprobado– porque si lo llenas de buena fe te llaman mentiroso, lo cual significa que hay suficiente margen para llenarlo con mala fe. Para acabar con la corrupción no es necesario instaurar formatos y mecanismos simuladores ideados en el ITAM para taparle el ojo al macho de la corrupción corporativa ni reformar las leyes; se requiere, simplemente, de voluntad política para cumplir las que existen.


12.8.16

¿Cuántos minutos
hay en una hora?




¿Cuántos minutos hay en una hora?
–Seis –afirma el amante no saciado.
–Sesenta mil –replica el torturado
con voz doliente que piedad implora.

–¿Cuántos minutos hay en una hora?
–pregunta un relojero despistado
mientras, en un rincón del atestado
taller, con desazón su oficio llora.

El dictado de Greenwich ya es difunto;
en el incierto tiempo del ahora
nadie tiene certeza del asunto.

Y cuando la impaciencia me devora
en el compás de espera me pregunto
cuántos minutos hay en una hora.

__________
Ilustración: "El guardián del tiempo y sus relojes secuaces". Jacek Yerka

9.8.16

CNTE: hacia la victoria



La llamada reforma educativa, que fue en realidad un intento del régimen por abrir la puerta a la privatización del sistema de enseñanza pública y por desarticular las expresiones sindicales del magisterio no sometidas al régimen, está muerta. Ha terminado por hacerse evidente que ese paquete de modificaciones legales era un engendro espurio, ideado en organismos internacionales e impulsado por grupos de interés que pretendían tomar por asalto el ámbito educativo; más allá de elementos discursivos y propagandísticos y de disposiciones punitivas y de control laboral, no había en él gran cosa pedagógica, ni nada que lo convirtiera en un factor para la dignificación de la enseñanza que es sin duda urgente.

Como queda claro en forma retrospectiva, los funcionarios que se empeñaron durante meses en aplicar esas disposiciones no tenían ni idea de la conformación del país en el que viven. Supusieron que la disidencia magisterial podría ser doblegada con una combinación de publicidad difamatoria, desgaste, represión y sanciones. No se dieron cuenta de que el agravio no sólo afectaba a los maestros democráticos movilizados sino que tocaba también el corazón de una sociedad que ha sufrido demasiados despojos. Acaso imaginaron que el provocar una carnicería en un bloqueo de Oaxaca aterrorizaría a los movilizados pero sucedió algo distinto: reafirmó su convicción de lucha, la extendió a otros sectores y colocó al gobierno ante un nuevo problema. Tal vez pensaron que el sindicato oficial y su cúpula charra sería capaz de neutralizar a la CNTE y sucedió que muchos miles de profesores adscritos al SNTE se sumaron a las acciones de resistencia. Seguramente jamás imaginaron que los padres de familia, en vez de rechazar el paro, lo apoyarían.

Con todo y sus simulaciones el gobierno federal ha reconocido de varias maneras –todas ellas implícitas, sí– que su reforma no sirve porque tiene dientes pero no contenidos; que no tiene margen para emprender una represión masiva en contra del magisterio democrático y que el diálogo y la negociación son la única vía practicable para destrabar el conflicto. Ciertamente, le falta admitir lo principal: que no es posible mejorar el nivel educativo en un país en el que los niños van a la escuela sin comer y asisten a clases en aulas con piso de tierra mientras sus funcionarios pasean por el mundo en aviones de miles de millones de pesos. Por lo pronto, la “reforma educativa”, ese engendro oligárquico y tecnocrático al que no se le iba a cambiar ni una coma, ha muerto.

Los funcionarios federales tienen trabajo por delante: ahora deben sosegar a los iracundos líderes de la Coparmex, la Concanaco y la Concamin que exigen vengar con sangre la afrenta de una rebelión de pobres que ha derrotado al poder público y que, bien capitalizada por sus protagonistas, puede sentar un precedente para empezar a echar abajo el conjunto de las reformas estructurales del peñato. Más allá del estridente chantaje empresarial y de los ejercicios oficiales de simulación para encubrir el tamaño de la derrota (como el “modelo educativo” que la SEP se sacó del sombrero hace unos días), ahora el magisterio democrático tiene ante sí la tarea de convertir en una victoria gremial y social el fracaso del régimen.

Cabe esperar que las movilizaciones, las mesas de diálogo (en las que cabe sospechar toda clase de trampas, dilaciones y distorsiones por la parte oficial) y los foros públicos se extiendan ahora al Congreso a fin de que ocurra allí el régimen no ha querido hacer en casi cuatro años: escuchar a los maestros del país y tomarlos en cuenta. La resistencia magisterial –esa que según sus linchadores mediáticos sólo busca perjudicar el tránsito y el comercio, huevonear y heredar plazas– no sólo tiene una vastísima experiencia pedagógica y social sino también un enorme trabajo de reflexión, análisis e investigación sobre los problemas y las miserias del sistema de educación pública y sus posibles soluciones. La sociedad y las instituciones deben darse la oportunidad de conocerlo. Si ello sucede, será posible construir y aprobar un conjunto de iniciativas que realmente merezcan el nombre de reforma educativa y socializar así la victoria que los maestros han ido construyendo con lucidez, tesón y abnegación admirables.



4.8.16

Plática bajo la lluvia



El chubasco produce un sonido ensordecedor al caer sobre la pequeña lona negra que ondea y mantiene secas algunas partes de las diez o doce personas que se resguardan en ella y el director de escuela tiene que alzar la voz para explicar el método educativo particular que se aplica en su establecimiento para los niños de habla materna purépecha. Su lucha inmediata es contra el ruido del agua que cae a cántaros y que aplasta su exposición al pequeño grupo: cuatro profesores, dos profesoras, una de ellas, con dos críos, y dos visitantes. El ponente no se amilana y luego pasa a señalar cómo las disposiciones de la “reforma educativa” oficial ignoran por completo las condiciones y singularidades de la labor de los educadores en esta región empapada del país. Esto es la barricada que el magisterio en lucha ha instalado a la salida de Arantepacua, una población ubicada en una de las crestas de la Meseta Purépecha. En la otra punta del pueblo hay unas dos decenas de trailers retenidos. Normalmente hay más gente aquí, nos explican, pero este día muchos maestros se encuentran en una asamblea informativa y otros se fueron a la vecina Paracho a hacerle un borlote a Silvano Aureoles, quien acudió allí para inaugurar algo.

El viento sacude los cuatro metros cuadrados de lona, precariamente adosada en un lado a un muro y en el otro precariamente sostenida por unas ramas y unas piedras. Parece un milagro que no salga volando. Los presentes estamos empapados de las rodillas para abajo y el goteo sobre nuestros hombros y cabezas es persistente pero las reflexiones no se dejan vencer por los elementos. Se habla del incierto futuro inmediato, de los vericuetos políticos del diálogo entre la CNTE y Gobernación y de la determinación de mantener la lucha. La calle empinada se ha vuelto un río de aguas lodosas que hay que remontar en el coche para llegar al campamento principal, situado en una escuela que se anega –como lo muestran las manchas de humedad a medio muro– a pesar de estar situada en lo alto de la principal loma del pueblo. En el trayecto azaroso los dos profes que son nuestro contacto y nuestros guías nos cuentan que ya la comunidad les dijo: “No tengan miedo, que si vienen por ustedes nosotros no nos vamos a quedar cruzados de brazos”.

Sabrá Dios cómo son las oficinas de Claudio X. González y de Gustavo De Hoyos Walther. Tal vez tengan muebles que combinen piel y cromo, acaso disfruten de aire acondicionado pero es razonable dar por seguro que no tienen goteras. Los despachos de Enrique Peña Nieto y de Aurelio Nuño aparecen de cuando en cuando en los medios, tampoco les entra el agua cuando llueve y puede asumirse que tienen completos los vidrios de las ventanas. Cuando uno va a visitar a los maestros en resistencia bajo sus lonas agujereadas resulta inevitable evocar los sitios desde los que despacha el bando contrario: los ideólogos de la “reforma educativa”, los promotores de la represión, los operadores y ejecutores del linchamiento contra todo un gremio, el más numeroso del país –si es que el narco aún no lo ha superado en afiliados, gracias a la “guerra contra la delincuencia” emprendida por Calderón y proseguida por el propio Peña.

A diferencia de lo que ocurre en las ciudades del país, los campamentos magisteriales en las comunidades de esta zona de Michoacán no pasan apuros por comida. El respaldo popular es evidente y orgánico. En la explanada que rodea la escuela hay varias cocinas. Los profes se agrupan según sus comunidades de trabajo y cada una de ellas tiene un coordinador o coordinadora. Ahora la reunión es en un salón en el que el eslogan “escuelas de calidad” suena a bofetada. En el pizarrón, sin embargo, están pegadas unas cartulinas que son un primor de ortografía, caligrafía y diseño, con las reglas básicas de la multiplicación. Una maestra lleva la voz cantante para resumir en forma puntual el sentir generalizado sobre la falta de representatividad de los legisladores del país. Un compañero suyo reflexiona sobre el impacto benéfico de los salarios magisteriales en las economías locales, mientras de las cocinas llega el aroma de los comales. Los choferes de los trailers son invitados frecuentes a las mesas de la resistencia y, por supuesto, tienen plena libertad de quedarse o de ir a donde les dé la gana. Son sus unidades las que no pasan.

En la trinchera de la entrada sólo hay mujeres. También se guarecen bajo una rafia pegada a la caja de uno de los camiones retenidos. Alrededor del grupo, en los cuatro puntos cardinales, hay lodo. “¡Ésta es la realidad, no la que les cuentan los medios!”, grita la mayor, a guisa de saludo. “Nos dicen que no estamos solos pero yo sí me siento sola sin mi marido –tercia otra–. Ya tiene dos semanas que lo dejé con mis tres niños para venir aquí, que es donde tengo que estar”.

Un par de horas antes pegaba un sol inclemente en la plaza de Caltzontzin, una población conurbada a Uruapan por la que pasa la vía del tren y en la que los educadores bloquearon los vagones como parte de sus acciones. Acababan de levantar el bloqueo por decisión propia y se reunían en asamblea informativa antes de regresar a sus lugares de origen, aunque algunos irían a la Ciudadela del Distrito Federal a reforzar el campamento magisterial. El ánimo allí era festivo y triunfante. “Ya se acercaron porque querían desalojar pero aquí el pueblo está con los profes” –comenta la encargada de un ciber situado en una esquina de la explanada– y se tuvieron que echar para atrás”. Los movilizados allí suman centenares y los hay de todas las edades. Maestros jubilados conviven con profesoras jóvenes que ni en las barricadas han descuidado el arreglo personal.

Desde el 19 de junio, cuando el régimen perpetró en Nochixtlán la bárbara agresión policial que costó una decena de vidas y que dejó un sinnúmero de heridos de bala, quedó claro que el movimiento magisterial en curso trasciende, con mucho, la lucha por derechos laborales adquiridos y en defensa de la educación pública gratuita. En esa lucha grandes sectores de la población atropellada por las recientes presidencias neoliberales y sus socios ha visto un punto de confluencia para la suma de todos los agravios. Comunidades, organizaciones sociales, individuos sueltos, han venido sumándose a la movilización.

Por lo que hace a Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Tabasco y otras entidades, si el régimen acata las exigencias empresariales de “hacer cumplir la ley” tendría que llevar a cabo docenas de Atencos, Nochixtlanes, Aguas Blancas, Acteales y Tlatelolcos: en suma, tendría que sumir al país en un baño de sangre sin precedentes. Mucho pesa el fardo del peñato con Tlatlaya, Iguala, Tanhuato y Apatzingán y a eso hay que sumarle la Casa Blanca de Las Lomas, los enjuages con Higa y OHL, los gobernadores y ex gobernadores priístas a punto de convertirse en carne de tribunal, el desastre económico y los gasolinazos. El grupo gobernante posiblemente sepa que no hay suficientes policías ni cárceles como para lanzarse a una guerra semejante en contra de la cientos o miles de comunidades. Y de seguro sabe que su engendro de “reforma educativa”, ideada para abrir la puerta a la privatización de la enseñanza pública y para desarticular al gremio más articulado y más articulador de la población pobre, ya fracasó. Las oficinas de lujo y los despachos oficiales han sido derrotados desde lonas precarias que, a pesar de todo, soportan la lluvia.



19.7.16

¿Perdón?



Los asesores que lo pusieron en ese predicamento habrían debido advertirle, para empezar, que una petición de perdón leída en un teleprompter no puede ser creíble ni convincente.

Fuera de eso, ¿qué esperaba generar? ¿La compasión que no tuvo para con las mujeres violadas en Atenco? ¿La empatía que le faltó –y le sigue faltando– con los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa? ¿La actitud comprensiva de la que ha carecido su gobierno hacia el movimiento del magisterio democrático? ¿La benevolencia que no ha tenido con los presos políticos de su sexenio?

De veras: ¿qué esperaba?

30.6.16

Odiar al oprimido


Amar al opresor está más que difícil en el México contemporáneo. No se le siente al pueblo deseo alguno de desarrollar sentimientos amorosos hacia (digo, son sólo ejemplos) Javier o César Duarte, Roberto Borge, Aurelio Nuño, Graco Ramírez o Enrique Peña Nieto. Ante esa imposibilidad el régimen, sus aparatos de propaganda y sus opinioneros se empeñan cuando menos en hacer realidad la segunda parte de la sentencia de Malcolm X: hay que hacer odioso al oprimido a ojos de la sociedad.

Cualquier oprimido: los integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, que armaron un follón sólo para preservar sus “privilegios”; los caídos de la guerra de Calderón, delincuentes que “se mataban entre ellos”; los ejecutados de Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán, que se lo merecían por narcos; las víctimas de feminicidio, que se ganaron la muerte a pulso porque eran putas o al menos se vestían como tales. En este mismo tenor el enjambre de calumnistas del régimen lleva muchos meses zumbando con versiones de nexos entre los estudiantes de Ayotzinapa y un cártel regional; uno de esos opinadores llegó al extremo de decir que los padres de los 43 desaparecidos de Iguala eran tan criminales como los que se llevaron a sus hijos porque ponían en duda la historia de la incineración en el basurero de Cocula, urdida por Jesús Murillo Karam y Tomás Zerón de Lucio.

Al magisterio democrático se le ha querido presentar como un hatajo de holgazanes, corruptos, ineptos, vándalos, violentos, buenos para nada más que para crear congestionamientos de tránsito, culpables de la quiebra de miles de negocios, defensores de privilegios y prebendas, sediciosos a sueldo, rapadores de disidentes y, a últimas fechas, operadores con recursos de procedencia ilícita. Qué no se ha dicho al aire en horario triple A, escrito en diarios de circulación nacional y difundido en blogs y tuits comprados al millar sobre los mentores de la CNTE y la Sección 22.

Los asesinatos perpetrados por la Policía Federal en Nochixtlán el domingo 19 de junio mostraron que el peñato ha perdido todos los reflejos, salvo uno: el de fabricar mentiras. Eran tan inverosímiles las que divulgó en un principio que cayó en una carambola de contradicciones (no hubo policías armados, las fotos que lo demuestran son falsas, sí hubo policías armados) y se pasmó. El hecho es que en esa localidad mixteca se repitió lo ocurrido en Iguala casi dos años antes: la policía agredió con armas de fuego y asesinó a civiles desarmados. Pero esta vez hubo pruebas inmediatas e irrebatibles de la participación de elementos federales (policías y gendarmes) en la masacre y eso coloca a Peña y a su gobierno bajo una nueva y gravísima tormenta política.

La manera que el régimen ha elegido esta vez para meter los cadáveres bajo la alfombra es acusar al magisterio oaxaqueño en lucha de matar de hambre a la población de la entidad. La campaña propagandística sobre el “desabasto” es intensa, falsa y hasta obscena, si se considera que para el peñato el hambre de las comunidades de Oaxaca es sólo un instrumento electoral: si no hubiera pobres, a quiénes les comprarían el voto a cambio de despensas. Pero ahora José Antonio Meade desperdicia los recursos de la Secretaría de Desarrollo Social en la producción de un video de acentos heroicos sobre un puente aéreo con aviones militares de transporte para abastecer a las tiendas Diconsa con muchas toneladas de alimentos que no pueden llegar a su destino por carretera debido a los malvados maestros y sus bloqueos.

La idea manifiesta tras el estruendo de calumnias es crear un clima de linchamiento social que haga olvidar la decena de asesinatos perpetrados por el régimen en Nochixtlán y que permita justificar, en nombre del abasto alimentario, nuevas acciones represivas, sin importar cuán violentas sean, cobijadas por el odio anti magisterial que el gobierno quiere inducir en la población. Así, cuando llegue el próximo desalojo violento –ya anunciado por Miguel Ángel Osorio Chong– , la gente, en vez de protestar por la barbarie del régimen, la aplaudirá.

Los maestros democráticos están matando de hambre a los oaxaqueños de la misma manera que los judíos sacrificaban niños cristianos en la Europa medieval, los hugonotes se preparaban para asesinar a medio París, los alpinistas se habían infiltrado en San Miguel Canoa para implantar el comunismo, los bosnios violaban a las mujeres serbias. Así, la siembra de odio de oprimidos contra oprimidos que está llevando a cabo el peñato con tal de no dar marcha atrás en la mal llamada reforma educativa y no quedarle mal a los funcionarios de la OCDE y a las cúpulas empresariales que son, a fin de cuentas, sus verdaderos representados y sus auténticos mandantes.


25.6.16

Preguntas por Nochixtlán


¿Por qué afirmó la Comisión Nacional de Seguridad en su boletín del domingo 19 de junio que los elementos de la Policía Federal enviados a desalojar el bloqueo de Nochixtlán “no se encuentran armados ni portan tolete”?

¿Por qué dijo el gobiero que las fotos y los videos de la acción en la que se puede ver a policías armados y disparando “no correspondían” a ésta? ¿Por qué guardó silencio una vez que las agencias Ap y Xinhua divulgaron los metadatos de las cámaras, que validan que las gráficas fueron tomadas en el lugar y a la hora de los hechos?

¿Por qué, horas más tarde, el comisionado de la Policía Federal, Enrique Francisco Galindo Cevallos, afirmó que los efectivos gubernamentales habían sido víctimas de una “emboscada” con armas de fuego?

¿Cuáles fueron los “grupos radicalizados” que supuestamente atacaron a balazos a las fuerzas del orden?

¿Por qué dijo que los policías federales no portaban armas de fuego y que sí iban armados, en cambio, los miembros de la Gendarmería Nacional supuestamente enviados a algo así como una acción de rescate?

¿Por qué las fotos –que sí son auténticas– muestran tanto a policías federales como a miembros de la Gendarmería (los uniformes son distintos) accionando armas de fuego?

¿Por qué hasta ahora no hay una sola foto en la que aparezcan lugareños o maestros armados con “cuernos de chivo”, como lo sostuvieron las versiones oficiales?

¿Por qué hay videos en los que se muestra a manifestantes tirándose al suelo al escuchar las detonaciones, pero no a policías parapetándose y cubriéndose de fuego enemigo?

¿Por qué aparecen policías descubiertos y platicando, mientras a unos metros de ellos sus pares disparan, parapetados en la vulcanizadora?

¿Qué características tienen los “cohetones de muy alto poder” con los que fueron atacados los policías, según el jefe de la Policía Federal?

¿Por qué a cuatro días de los hechos el gobierno no ha exhibido los helicópteros que supuestamente recibieron disparos de los maestros y pobladores?

¿Por qué no se ha informado de las lesiones “de disparos” que supuestamente sufrieron “varios policías”? ¿Cuántos? ¿De qué gravedad?

¿Por qué insisten las autoridades en afirmar que entre los muertos no hay ni un solo maestro?

¿Por qué irrumpieron los policías en un entierro para llevarse detenidos a 19 participantes y presentarlos como responsables de la “agresión” sufrida por los efectivos oficiales en Nochixtlán? ¿Por qué, si no hubo “detenciones al azar”, como dijo Galindo Cevallos, todos los capturados en esas circunstancias fueron puestos en libertad 48 horas después de las detenciones? ¿Quién las ordenó? ¿Por qué los detenidos fueron transportados como reses muertas en un camión? ¿Cumple esa clase de traslados con los protocolos de trato a los detenidos y con los derechos humanos?

¿Existió algo así como un mando único y un C4 en el operativo de desalojo de la carretera? ¿Cómo actuó? ¿Dónde están los registros de sus comunicaciones?

¿Es cierto que la Federación actuó “a solicitud del gobernador Gabino Cué” para impedir que se siguiera lesionando la industria turística y el presunto desabasto de víveres causado por los bloqueos? ¿Por qué el secretario de Desarrollo Social insistió en ese punto? ¿Por qué el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, desmintió que haya desabasto? ¿Quién miente? ¿Por qué Galindo Cevallos dio como motivo de la acción policial la neccesidad de reabrir el paso a la refinería? Si esa fue una reazón real, ¿por qué la Federación no actuó antes de que el gobernador oaxaqueño pidiera la intervención?

¿Por qué, en todo caso, si esos eran los propósitos del desalojo en Nochixtlán, la Policía Federal avanzó también sobre la ciudad de Oaxaca? ¿Por qué hubo allí también disparos de los efectivos policiales en contra de civiles?

¿Cumplió la incursión policial sus presuntos objetivos o no? ¿Se suprimieron los bloqueos?

¿Quién asesinó al periodista Elidio Ramos Zárate en la capital oaxaqueña? ¿Con qué base los comentaristas adictos al gobierno dan por sentado que los asesinos fueron “la CNTE o sus aliados”?

¿Por qué guardaron silencio durante tantas horas la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Gobernación y su Subsecretaría de Derechos Humanos? ¿Qué hizo el secretario de Educacion Pública, Aurelio Nuño, en las 50 horas transcurridas desde que ocurrieron los enfrentamientos en Nochixtlán y otros puntos de Oaxaca hasta que emergió a la luz pública el martes siguiente en una conferencia de prensa? ¿Por qué se le permite tomar distancia de una crisis gestada en buena medida por su pésimo manejo político? ¿Se le deja de lado precisamente por eso? ¿Cómo se relaciona este episodio con el jaloneo pretendidamente sucesorio dentro del régimen?

¿Por qué se dejó todo el manejo de la situación y la información a un jefe policial y no a un mando político? ¿Porque era domingo y día del padre? ¿Dónde estaba el piloto?

¿Tiene la fiscalía de Oaxaca capacidad y voluntad para llevar a cabo un esclarecimiento puntual de los homicidios, las agresiones y los atropellos perpetrados el 19 de junio?
Cómo participará la Comisión Nacional de Seguridad en la investigación de los hechos? ¿Es correcto que la institución involucrada en ellos se investigue a sí misma?

¿Qué dependencia de la PGR colaborará en las pesquisas? ¿Pondrán al frente de ellas a Tomás Zerón de Lucio y a sus peritos que anduvieron manoseando huesos de pollo y adulterando las pruebas en el río San Juan y en el basurero de Cocula? ¿Es la “emboscada” de Galindo Cevallos el equivalente oaxaqueño a la incineración de cuerpos inventada por Jesús Murillo Karam en Guerrero?

¿Está consciente el gobierno de Peña de la sima en que se encuentra en materia de credibilidad, respeto a los derechos humanos y procuración de justicia? ¿Se da cuenta de la nueva “tormenta perfecta” que ya avanza sobre él a raíz de lo sucedido en Nochixtlán? La llamará también “mal humor social”?

¿Tiene el régimen la lucidez necesaria para comprender que el conflicto magisterial se ha convertido ya en un conflicto social de dimensiones mayúsculas? ¿Se da cuenta de cómo el su accionar ha exponenciado el respaldo al magisterio inconforme?

¿Por qué hicieron esto? ¿Por descuido, por descontrol, por programa, por odio?

22.6.16

Nochixtlán: qué necesidad


Sumar una decena de muertos a la barbarie represiva en Atenco, a los feminicidos en el Estado de México, al manejo de la desaparición y muerte de la niña Paulette, a su inocultable gestación como producto de marketing en el útero de Televisa, a los desfiguros y tropiezos declarativos, a la compra masiva de votos en las elecciones de 2012, a los excesos represivos del 1 de diciembre de ese año, a las mentiras desenmascaradas de la propaganda por las reformas privatizadoras, al desastre y el desaseo de la estrategia de seguridad en Michoacán, a Tlatlaya, al desdén frente a los asesinados y desaparecidos en Iguala, a los escándalos de la Casa Blanca, Grupo Higa y OHL, a la derrota en las elecciones del 5 de junio.

A pesar de ese palmarés detestable el régimen ensayó en Nochixtlán una solución al conflicto magisterial que se parece tanto a lo perpetrado el 2 de octubre de 1968 en contra de los manifestantes reunidos en Tlatelolco: descargas de armas de fuego en contra de civiles inermes: una decena de muertos; casi un centenar de heridos.

Pero esta vez la decisión no podía terminar bien para el grupo gobernante porque, a diferencia de hace 50 años, el pacto social está roto por las propias reformas peñistas, la economía no crece al 6 por ciento, las clases medias están inconformes, las viejas “atribuciones metaconstitucionales” de la Presidencia son un remedo corrompido de sí mismas, los altos funcionarios desconocen el país y creen que viven en Holanda, hay organización social y popular independiente, la sociedad se ha zafado como ha podido de la tutela gubernamental y el aparato mediático del régimen no ha perdido su antigua capacidad de distorsión pero sí, en buena medida (gracias a la expansión de las redes sociales), la de ocultación.

En la manera gubernamental de tergiversar los hechos no valdría la pena ni detenerse: recuérdese que la Comisión Nacional de Seguridad emitió a medio día del domingo un boletín en el que negaba el uso de armas de fuego por la Policía Federal, que descalificó como “falsas” las fotos en las que se muestra a los efectivos de esa corporación haciendo uso de ellas, y que después el propio jefe tuvo que reconocer que en la acción participaron policías armados, aunque fuera “casi al final”. Es abrumadora la evidencia –incluidas las armas y el parque– de que en Nochixtlán se envió a los uniformados a disparar contra el pueblo.

El culpable máximo de esa acción ya no es Nuño, ni el comisionado Enrique Galindo Cevallos, y ni siquiera el extraviado Gabino Cué quien, con los cuerpos de los muertos aún tibios, declaraba que la masacre tuvo como propósito “preservar las libertades, el estado de derecho y la integridad física” en Oaxaca. Con su desorbitado afán por restaurar un presidencialismo difunto e irredimible, Enrique Peña Nieto se echó al cuello la soga de las responsabilidades. Su empecinamiento en mantener a sangre y fuego (literalmente) la tal reforma laboral disfrazada de educativa le creó otro conflicto político mayúsculo –uno más– a una presidencia que ya tiene abundancia de manchas y agujeros.

Pero qué necesidad tenía: convertir un problema gremial que habría podido resolverse con un poco de voluntad política en un nuevo agravio a la sociedad con declinaciones inevitables en el terreno de lo penal, porque Nochixtlán huele a crimen de lesa humanidad. “He girado instrucciones” tuiteó el titular del Ejecutivo, al ofrecer que los hechos serían investigados y esclarecidos. El problema con esa expresión es que se ha convertido en sinónimo de no hacer nada (como en Iguala, como con la Casa Blanca, como siempre) y que cualquier promesa que venga antecedida por ella es automáticamente ubicada por la opinión pública en el altero de papel reciclable.

Ojalá que Peña caiga en la cuenta de que la feroz andanada oficial contra los maestros democráticos –que va de la calumnia sistemática en artículos de opinión a ráfagas de rifles de asalto– ha fracasado porque los ha fortalecido y ha convertido a la CNTE y a la Sección 22 en el actor central de la resistencia contra la barbarie neoliberal de las reformas. A los ataúdes de los asesinados en Nochixtlán podría unirse otro: el de la “reforma educativa”. A fin de cuentas, en un acto de magistral ponciopilatismo, Claudio X. González y su membrete Mexicanos primero ya se escabulleron de Nochixtlán. De esa manera el peñato podría empezar a despedirse con un gesto –uno, al menos uno– de honorable rectificación. De otra manera, el fin del régimen bien podría adelantarse al de la actual administración. Y qué necesidad.

16.6.16

Que corazón tan duro,
que mente tan perversa



Esta tarde visité el campamento de la CNTE en la Ciudadela. Platiqué con maestras que llegaron de Chiapas en la madrugada y que, junto con el resto de su contingente, permanecieron virtualmente secuestradas por las policías federal y capitalina durante ocho horas. Sin agua. Sin comida. Sin baños. A esta hora están durmiendo en el suelo, lejos de sus hogares, en casas de campaña precarias, después de viajar un día entero y tras permanecer ilegalmente privadas de su libertad.

Qué corazón tan duro y qué mente tan perversa se necesita para afirmar, desde la comodidad de un despacho ministerial, a bordo de una camioneta blindada o en un restaurante de lujo (todo ello pagado con dinero del pueblo) que esas mujeres, maestras rurales o urbanas, están “defendiendo prebendas y privilegios”. Cuánto cinismo se requiere para que un huésped frecuente de la Casa Blanca de Peña Nieto –un individuo que gana en un mes lo que un maestro en dos años– acuse de corrupto al movimiento magisterial.


Por el Espacio Escultórico


¿Se realizó ya la reunión entre el rector de la UNAM, Enrique Graue, y el comité de expertos sobre el Espacio Escultórico? ¿Sigue pendiente? ¿Se efectuará? ¿Se decidirá la demolición total del Edificio “H” de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que arruina la funcionalidad de la obra artística? ¿Le rasurarán cuatro pisos, como mínimo? ¿O triunfará la arrogancia institucional y la construcción intrusa se quedará donde está?

El problema causado por la construcción de un adefesio promedio que se entromete en la limpia línea del horizonte que hasta antes podía disfrutarse desde el Espacio Escultórico puede ser considerado por algunos como un berrinche de puristas y de exquisitos en contra de la eficacia burocrática que en pocos meses hizo erigir una construcción sin duda necesaria y sin más pecado que el de ser fea. Puede parecer frívolo el afán de acabar con el mazacote que costó millones de pesos sólo para que los visitantes del Centro Cultural Universitario puedan evitarse la intrusión visual en la rueda dentada de pirámides que rodea un lago de piedra congelada. Se puede argüir que la utilidad del edificio cuestionado, en donde se llevan a cabo tareas docentes y administrativas es mucho mayor y más tangible que la de un monumento cuya visita forma parte del ocio de los paseantes.

Pero tal vez quienes albergan tales ideas puedan y quieran asomarse al asunto desde otra perspectiva y caigan en la cuenta de que la agresión (culposa, no dolosa) contra el Espacio Escultórico y sus visitantes era del todo innecesaria, porque si algo no le falta a la Ciudad Universitaria es territorio para crecer sin destruir ni afectar su propio patrimonio y había –hay– una enormidad de espacio para edificar edificios H, I, J y K y todos los anexos que se desee. “Bueno, habría podido hacerse mejor, pero ya está hecho –replicarán– y en la UNAM las cosas no están como para tirar el dinero”. Sería una buena réplica, sin duda, salvo por el hecho de que si a esas vamos, la totalidad de las tareas culturales que realiza la máxima casa de estudios, e incluso buena parte de sus labores de investigación, pueden verse como un completo dispendio. ¿O acaso no habría sido más barato pintar de cualquier color las cuatro paredes exteriores de la Biblioteca Central que contratar a Juan O’Gorman para que decorara con mosaico los muros del recinto? ¿No estaría mejor emplear en algo mejor los recursos que se destinan al funcionamiento y mantenimiento de la Sala Miguel Covarrubias? Y en el extremo, ¿para qué sostener algo tan inútil como el Instituto de Investigaciones Filológicas, en vez de comprar más computadoras para la Facultad de Ingeniería?

Como puede verse, es riesgoso adentrarse por las lógicas del eficientismo, y más cuando tales lógicas florecen en las oficinas de una institución que, como la UNAM, es vista desde hace décadas por el grupo en el poder como un desperdicio presupuestal y un estorbo para los planes de negocio de empresarios –o sea: gente de veras productiva– que sueñan con expandir su mercado de estudiantes universitarios. “Imagínense lo que una buena inversión podría hacer en lo que es hoy día un refugio de vagos, grillos y mariguanos”. Es cierto que, salvo uno que otro panista, la mayor parte de los políticos del régimen no se atreve a formularlo con esa crudeza, pero tengan por seguro que lo piensan. A fin de cuentas, el último presidente de la república que egresó de la UNAM terminó su periodo hace más de 20 años, así que de las cúpulas oficiales no esperen ni siquiera afecto por el alma mater.

En esta coyuntura tan jodida no parece sensato descuidar ni un segundo la defensa de la gratuidad en todas sus acepciones y expresiones, y el arte es una de las más relevantes. Junto con la solidaridad, es una de las pocas cosas que le quedan al mundo para reponerse de la borrachera de productividad, eficiencia, rentabilidad y calidad en la que anda extraviado. No es sensato, por ello, atentar contra la integridad de las obras de arte. En rigor, a la humanidad no le pasará nada si se sustrae una piedra más a la pirámide de Chichén (le han sustraído tantas), si se suprime media página de una partitura sinfónica o si se destruye medio metro cuadrado de la Capilla Sixtina. Se habrá perdido o afectado, en todo caso, una comunión social que estableció, quién sabe por qué y para qué, proteger, preservar e investir de sacralidad social a ciertos objetos, ciertas composiciones, ciertos textos. Pero sumen muchas acciones vandálicas de esas y ya estaremos otra vez instalados de lleno en la condición de micos arbóreos, de la que ni hemos salido del todo.

Tal vez nos encontremos ante la necesidad de un punto de inflexión. El país y el mundo se precipitan en el abismo de la construcción desorbitada, el rendimiento máximo, el uso a rajatabla de todo lo que existe y que es, por esa sola razón, susceptible de aprovechamiento. El pragmatismo extremo se instala en cualquier sitio y construye soluciones racionales y proyecciones a futuro sin informarse previamente de lo que hubo allí ni de los ordenamientos sutiles e invisibles que regulaban el lugar –recinto, barrio, pueblo, entorno ecológico, continente– hasta antes de su llegada. En la visión dominante lo rentable es necesario y lo incosteable, contingente. Para esa mentalidad dar alimento al espíritu, cuando ello no se traduce en alguna clase de transacción comercial, es un delito de lesas finanzas tan imperdonable como regalar comida al prójimo.

Y el Espacio Escultórico está allí, en una Ciudad Universitaria enclavada a su vez en una urbe sometida, por lo pronto, a la dictadura de la utilidad y el rendimiento (en su interpretación manceriana, la Ley de Murphy dice que todo lo que pueda generar dividendos los generará). En estricto sentido, ese extraño templo sin dioses no sirve para maldita la cosa; es un desperdicio de concreto y de espacio que hasta ahora nadie se ha atrevido a concesionar a una cadena de restaurantes de comida rápida. ¿Qué caso tiene pelear por la limpieza de su línea visual? ¿Cómo pueden pedir que en aras de ese capricho abstracto se derribe un edificio repleto de aulas, cubículos y oficinas?

Puede ser que la muesca en el tiempo realizada en 1979 apenas empiece a adquirir su plena significación en 2016 y que su utilidad real, insospechada por sus creadores hace 37 años, sea la de ofrecer un punto de inflexión para detener la cabalgata avasalladora del utilitarismo, la rentabilidad y la monetarización de todo lo que existe, y empezar a desandar ese camino peligroso que desembocará, tarde o temprano, en el uso de las pirámides de Teotihuacán como basamento para antenas de telefonía celular o en su concesión a una empresa de entretenimiento. Tal vez ese ojo que mira al cielo con su pupila de lava haga reflexionar a las autoridades universitarias sobre el supremo compromiso de la máxima casa de estudios con el espíritu y consiga preservarse a sí mismo inspirando un acto explícito de contrición (en su sentido laico) que se traduzca en la eliminación de la mole intrusa. Y en el sitio que ésta ocupa actualmente bien podría levantarse un pequeño monumento que diga: “aquí triunfó el arte sobre la insensibilidad, la gratuidad sobre la paga, lo entrañable sobre lo contable, la civilización sobre la barbarie”.


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Posdata.- La doctora Mireya Imaz Gispert, coordinadora del Programa Universitario de Estrategias de Sustentabilidad, expuso recientemente atendibles argumentos en contra de la demolición del edificio “H” de la FCPyS. Y como todo debe ser visto desde distintos ángulos, es de justicia leer la entrevista que le hizo Proceso.

14.6.16

Presume Nuño


Así es él: ante un auditorio de niños de Primaria obligados a servir de telón de fondo de sus declaraciones semanales, Aurelio Nuño se preguntaba ayer por qué Morena y su dirigencia “quieren defender a un presunto delincuente que ha robado, presuntamente, más de ciento treinta millones de pesos”. El secretario de Educación Pública se refería a Rubén Núñez Ginés, líder de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, capturado un día antes con modales de dictadura y enviado a un reclusorio a miles de kilómetros de distancia de su lugar de residencia, y al anuncio de Andrés Manuel López Obrador de que Morena se movilizará en defensa de ese y otros dirigentes magisteriales encarcelados por defender sus conquistas laborales y el derecho a la educación pública y gratuita para los niños de México.

La presunción oficial externada por Nuño y por el subprocurador Gilberto Higuera es ajena a la lógica. Si Núñez Ginés, Francisco Manuel Villalobos Ricárdez y otros líderes del magisterio democrático hubieran querido desviar recursos no habrían tenido que encabezar movilizaciones, fatigar calles y carreteras ni exponerse a la brutalidad policial y al linchamiento de la mayoría de los medios; les habría resultado infinitamente más fácil enriquecerse desde la comodidad de la burocracia sindical que encabeza Juan Díaz de la Torre, sustituto y esquirol de Elba Esther Gordillo e incondicional del propio Nuño.

Significativamente, y desde que se consumó el ajuste de cuentas de Peña Nieto en contra de Gordillo Morales, la cúpula charra del SNTE, esa que inclina la cerviz ante los dictados privatizadores y antilaborales de la reforma educativa peñista, no ha sido vuelta a tocar ni con el pétalo de una averiguación previa, como no lo han sido tampoco los caciques del sindicato petrolero, quienes aprobaron sin chistar el desmantelamiento de la industria energética nacional.

Si el celo justiciero de Nuño fuera auténtico y realmente quisiera identificar a presuntos ladrones tendría que olvidarse de los movimientos sociales y voltear la mirada al entorno presidencial: allí se encontraría mansiones que valen, esas sí, ciento treinta millones de pesos; adjudicaciones, concesiones y contratos como los otorgados a Grupo Higa y OHL o negocios de ganancias astronómicas y utilidad social nula, como el Nuevo Aeropuerto; hallaría Ferraris auténticos y no Lamborghinis inventados; descubriría colecciones de arte multimillonarias en residencias de burros que no tienen la menor cultura artística pero sí muchos vínculos con el poder; se enteraría de nombres y apellidos de protagonistas de trasiegos financieros listados en los papeles de Panamá y sabría de una montaña de operaciones con recursos de procedencia ilícita que le cuesta al país más de medio billón de pesos al año. El secretario de Educación Pública tendría que fijarse, en suma, en su jefe, sus compañeros de gabinete, los socios externos y los peces gordos del servilismo corporativo.

Nuño presume al revés que la sociedad, pues ésta, cuando se trata de ubicar a los posibles rateros, dirige la mirada a las cúpulas del poder público. Pero así como las presunciones de la opinión pública nacional e internacional no pueden cobrar certeza jurídica porque la institucionalidad se juzga y se absuelve a sí misma por medio de funcionarios como Virgilio Andrade y Arely Gómez, las presunciones del poder, en cambio, pueden ser convertidas en órdenes de aprehensión porque cuando se tiene el control de la Policía, de la Procuraduría o de la Secretaría de Hacienda resulta muy fácil inventar pruebas, fabricar culpables y transmutar disidentes, luchadores sociales y opositores en delincuentes comunes.

Tras la masacre de Tlatelolco decenas de estudiantes, profesores e intelectuales fueron condenados entre otros delitos, por “robo”. Seguramente el secretario Nuño no ha leído los expendientes respectivos y no sabe, en consecuencia, cuan grotescamente parecidas resultan las imputaciones que fabrica el peñato a las que inventaba el régimen diazordacista.

¿Que por qué se moviliza Morena en defensa de los presos políticos magisteriales, secretario Nuño? Pues por decencia.

10.6.16

Margarita Zavala de Calderón


Ahora le molesta que se refieran a ella con su apellido de casada. Pero entre 2006 y 2012 así la llamaban los boletines oficiales de la Presidencia, su amiga Elba Esther Gordillo, las revistas de sociales y toda una caterva de aduladores, y a lo largo de esos seis años mantuvo su dignidad de género guardada en el refrigerador.

No, señora, no se confunda: no es misoginia sino recordatorio de una que como primera dama y al amparo de su poder de consorte propició negocios para los hermanos, encubrió al marido genocida y protegió a la prima quemaniños.

7.6.16

El PPM y el 5 de junio


El PRI es más que sus siglas y que su logotipo: es una forma perversa de ejercicio del poder para el saqueo del erario, la imposición de intereses corporativos, el uso patrimonialista de los recursos gubernamentales para la perpetuación del control de las instituciones (incluidas las electorales) por un grupo de operadores enriquecidos y la preservación de una red de impunidad que recorre los sexenios. Esa identidad es plenamente compartida por Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática, Nueva Alianza, Verde y demás franquicias electorales, lo que ha sido llamado PRIANRD o Partido del Pacto por México (PPM). Desde esa perspectiva el priísmo no perdió nada en las elecciones del pasado domingo 5 de junio.

A estas alturas hay tanto en juego en las pugnas electorales entre priístas, panistas y perredistas como en un partido de futbol: los equipos luchan por imponer sus colores propios sobre los contrarios y por hacerse de los beneficios económicos del campeonato pero jamás para cambiar las reglas técnicas, mediáticas y monetarias del juego. No es posible encontrar una diferencia sustancial, por ejemplo, entre el Rafael Moreno Valle priísta y el Rafael Moreno Valle panista o entre el Miguel Ángel Yunes priísta y el Miguel Ángel Yunes panista; independientemente de su filiación partidista coyuntural, se trata de individuos corruptos, represores, inescrupulosos y sin otro propósito de gobierno que el del beneficio para sí mismos y sus respectivos grupos.

Ya sea con su escudo principal o mimetizado en los del PAN, el PRD, Nueva Alianza, Verde y demás, el PPM ha procurado reducir los comicios a una rebatinga familiar por el reparto de cargos. Lo ha conseguido, en alguna medida, pero a un precio muy alto: la creciente erosión de su fracción principal –la priísta, gran perdedora en las elecciones del domingo–, y la pérdida de identidad de otras dos, la panista y la perredista, las cuales marchan hacia un proceso de virtual fusión. Las numerosas alianzas panredistas ponen en evidencia que en las organizaciones que las conforman no queda ya gran cosa de ideología, principios ni programa y que la motivación de ambas es, simplemente, preservar y ampliar cuotas de poder y acceder al control de filones del presupuesto. En general, el baile de alianzas en el territorio nacional –Nueva Alianza puede ir coaligada al PRI en Veracruz y al PAN en la vecina Puebla, en tanto que el PT va con el verde y el PRI en Chihuahua pero camina con el PAN y Nueva Alianza en Puebla, por ejemplo– muestra la obscena carencia de diferencias reales entre los partidos políticos, su falta de memoria y escrúpulos y la conversión de los procesos electorales en meras oportunidades de negocio.

Ante ese panorama el Movimiento Regeneración Nacional ha ido a las urnas en solitario con respecto al resto de los partidos pero en acuerdo con movimientos sociales como el de los maestros, grupos ambientalistas, y organizaciones populares de diversa índole y se ha consolidando, en apenas un año –del 7 de junio de 2015 al 5 de junio de este año– como la única fuerza electoral dispuesta a jugar para cambiar las reglas del juego. Incluso con el catálogo de suciedades desplegado por el PRD en el Distrito Federal, Morena consiguió ratificarse como la primera fuerza política capitalina. Otro tanto ocurriría en Veracruz si se descontara el ostentoso fraude operado en Veracruz por el PRIANRD para cerrarle el paso a ese partido emergente. El Prep del Ople veracruzano se parece tanto al inverosímil recuento que exhibió el Ife de Luis Carlos Ugalde en 2006 para meterle a la candidatura panista más votos de los que obtuvo en las urnas e incrustar a Felipe Calderón en la Presidencia. Ese mecanismo de fraude cibernético, combinado con la compra masiva de votos por los primos Yunes, pretende desplazar al tercer sitio al candidato de Morena, Cuitláhuac García.

Pero incluso en las cifras increíbles del Ople de Veracruz, Morena es el partido más votado en la entidad, otro tanto ocurre –a pesar de la montaña de mapacheos– en Oaxaca, y en otras entidades la organización que encabeza López Obrador está en segundo o en tercer sitio, lo que habla de un avance formidable no sólo de su votación, sino en la recuperación de los procesos políticos nacionales secuestrados y desvirtuados por el PPM. Muy a su pesar los comicios tienen, pues, mucho más contenido político, social y económico que un partido de futbol.


18.5.16

Brasil: ¿qué sigue?


Se ha escrito mucho sobre las causas que provocaron el declive de los gobiernos progresistas en Sudamérica, de las económicas a las polítcas y sociales, tanto de las endógenas como de las exógenas. Casi todos los textos escritos desde posiciones próximas a tales gobiernos coinciden en que, ante la constante de la ofensiva neocolonial, los proyectos del PT, en Brasil, de los Kirchner Fernandez, en Argentina, y de Hugo Chávez, en Venezuela, fueron incapaces de articular las variables de economías realmente ajenas a las lógicas tradicionales de la exportación de materias primas y de construir una institucionalidad política distina a la de las democracias parlamentarias en las que llegaron al poder. Se ha señalado, asimismo, la incapacidad de tales proyectos para articularse en forma eficiente y armónica con los movimientos sociales y las causas populares que los apoyaron en las urnas y que, por inercia, desconfianza o mera torpeza política, fueron desmovilizados posteriormente. Se ha dicho, asimismo, que a los gobernantes de este ciclo menguante les faltó audacia, imaginación, radicalismo o las tres cosas juntas para desarticular los promontorios reales del poder oligárquico –industriales, comerciales, financieros y mediáticos– y adoptar el rumbo de una ruptura anticapitalista. Tomará años analizar a fondo los factores que no funcionaron y los que funcionaron a la perfección para configurar crisis políticas como la que acabó con la presidencia de Dilma Rousseff, la que tiene en vilo al gobierno de Maduro o la que condujo a la derrota del Frente por la Victoria en Argentina. Y en lo inmediato, ¿qué sigue?

Lo primero es determinar si lo ocurrido en Argentina y Brasil, más lo que parece estar a punto de ocurrir en Venezuela, son derrotas tácticas o estratégicas para las izquierdas continentales, y todo parece indicar, por desgracia, que se trata de lo segundo. En ninguno de los gigantes sudamericanos se aprecia el grado de cohesión y resistencia social –ojalá que el cálculo sea equivocado– como para hacer inviables los gobiernos de Macri y de Temer, y ya se sabe que a las derechas oligárquicas les toma mucho menos tiempo destruir conquistas que a las izquierdas progresistas les toma décadas edificar, y que no se detienen en consideraciones de legitimidad ni de popularidad para emprender sus galopes de Atila sobre lo construido. Para los bandos reaccionarios sudamericanos debe haber sido muy didáctica la manera rápida y resuelta con que el peñato mexicano acabó con la soberanía energética y electromagnética, los derechos laborales, el derecho a la tierra y otros factores que habían sido pilares del pacto social. Es cierto que apenas culminadas sus reformas, el régimen peñista entró en una crisis sin precedentes en México y que hoy su permanencia en el poder se explica principalmente por la fuerza de la inercia institucional y por su capacidad de corromper a importantes núcleos del electorado. Pero, por lo pronto, con eso le basta para mantenerse en pie y no ha movido un dedo para recrear consensos nacionales mínimos como base para gobernar.

Si la derrota es estratégica habrá que contar con el retorno a estadios de crisis perpetua como los que caracterizaron a la primera generación de presidencias civiles neoliberales –Salinas, Menem, Fujimori, etc.– y a un desasosiego social que no necesariamente se traducirá en desafío de poder para las administraciones oligárquicas, pero sí en una creciente violencia de Estado en contra de las disidencias políticas y sociales; veremos, en el mejor de los casos, la marginación de los gobiernos progresistas que quedan –Bolivia, Ecuador y Uruguay– de las decisiones continentales, un achicamiento de instancias internacionales como el Mercosur, la Celam y el Alba, la reactivación de la OEA, la vuelta a la región de los organismos financieros en calidad de autoridades y el avance incontenible de tratados de libre comercio, sobrepuestos unos a otros, que dañarán en forma acaso irreparable las soberanías nacionales y la articulación de las economías. Más allá del continente el fin del ciclo progresista debilitará las perspectivas mundiales de construcción de un orden multipolar y a los contrapesos que ha sido posible construir a los términos globalizadores neoliberales: el grupo de los BRICS, en primer lugar.

Para abreviar en la medida de lo posible el ciclo que está por empezar o que ya ha empezado se tiene que trabajar en una nueva articulación de formas y momentos de lucha, en proyectos de gobierno más avanzados y radicales que los ensayados anteriormente y, lo más importante, en un camino para acabar con el neoliberalismo no sólo en los ámbitos internos sino también en la escena internacional. Y para ello se requiere encontrar maneras efectivas y definitorias de incidencia en la globalidad. Menuda tarea.

13.5.16

Los muertos no se callan



Lo que fuera persona está allí, por fin, reducida a condición de cosa, y su nuevo estatuto irremediable exacerba los afanes de posesión de quienes siguen vivos. Algunos piensan que ha llegado su oportunidad para la apropiación definitiva, para la exclusión de todos a los que el muerto no quiso o no pudo excluir mientras fue dueño de sus actos. Otros, aun más sórdidos, calculan cuántos hechos ocultos caben en un cadáver y procuran apropiárselo para guardar verdades incómodas bajo metro y medio de tierra. La siguiente escena es un jaloneo entre zopilotes para ver quién paga el funeral, cuál de los socios registra a su nombre la fosa a perpetuidad, qué familia ordena los responsos, quién se queda con una tibia y un omóplato, quién recupera la mandíbula, en qué capilla se deposita la urna funeraria.

Las leyes pueden brillar con claridad meridiana en lo que concierne a los derechos y la prelación de los deudos, pero ya se sabe lo fácil que es torcerlas a conveniencia, especialmente cuando se cuenta con relaciones o cuando se tiene el encargo de aplicarlas. Lo que puede ocurrir en una familia cualquiera empieza a volverse escena habitual en este país que ha alcanzado niveles industriales de asesinatos y desapariciones, sólo que la rebatinga por los muertos la encabezan las autoridades.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Tetelcingo, una localidad correspondiente al municipio de Cuautla, Morelos, donde la Fiscalía General del Estado estuvo enterrando sin ningún control ni formalidad decenas de cuerpos identificados o sin identificar, hasta totalizar 150. El gobierno local encabezado por Graco Ramírez Garrido Abreu no se tomó la molestia de obtener muestras de ADN para compararlas con las de las incontables familias que en esa entidad y las vecinas buscan a sus desaparecidos desde hace meses o años. No indagó lesiones, no levantó actas de defunción, no recabó autorizaciones de inhumación, no tramitó los permisos sanitarios para que aquello pudiera considerarse un cementerio. Durante mucho tiempo acumuló cuerpos humanos envueltos en plástico y los fue acomodando uno sobre otro en un hoyo sin señas. Y así, hasta que la familia de un muchacho desaparecido descubrió el horror.

Entonces llegaron al lugar otras familias que también buscan a alguien ausente a exigir que aquellos cuerpos fueran sometidos a los estudios de rigor que la fiscalía morelense –a cargo de Javier Pérez Durón, sobrino político del gobernador– no pudo o no quiso practicar. De súbito, el gobierno local empezó a comportarse como si los muertos fueran suyos y ahora pretende trasladarlos a la fosa común de un cementerio regular sin permitir más pesquisas que las de sus indolentes peritos.

Algo no muy distinto ocurre en tres localidades de Chihuahua: entre octubre de 2011 y febrero del año siguiente fueron descubiertas tres fosas clandestinas en Rancho Dolores, Cuauhtémoc; El Mortero, Cusihuiriachi, y Brecha El Porvenir, Carichí. Lo hallado allí son fragmentos de huesos calcinados o muy deteriorados. Después de años de no hacer nada, la autoridad estatal pretende proceder a la incineración de los restos. Organizaciones de parientes de desaparecidos –que abundan en ese estado y en los vecinos– han demandado la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) para que realice procedimientos de identificación, pero el gobierno de César Duarte ha puesto toda clase de trabas para ello.

Desde 2006 los gobiernos federales de Felipe Calderón y Enrique Peña han permitido un estado de violencia y descontrol que se traduce en decenas de muertes diarias y en un acumulado de decenas de miles de desaparecidos. Los virreyes y señores feudales estatales han sido omisos de toda gravedad, cuando no cómplices de las carnicerías. Las fuerzas policiales y militares de la Federación lucen armamentos y equipos cada vez más impresionantes e intimidantes y los exhiben de manera espectacular en sus coreografías por todas las ciudades del país, pero casi nunca están en el lugar de los hechos cuando es necesario, es decir, cuando alguien es levantado o ejecutado. En este país ya no se puede ni orinar sin que te supervise una cámara de vigilancia, un retén, una patrulla, un helicóptero o un batallón, pero si la criminalidad te asesina resulta que las grabaciones se borraron, que los destacamentos estaban de licencia o que las aeronaves se quedaron en tierra porque no tenían gasolina.

Esas curiosas coincidencias alcanzaron su expresión más escandalosa la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, cuando seis personas fueron perseguidas y atacadas durante horas, seis de ellas asesinadas y otras 43 desaparecidas, todo en las narices –el nombre oficial es C-4– de las policías estatal y Federal, el Ejército, la Procuraduría General de la República, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional y no sé cuántas más instituciones de discurso solemne. Tras una quincena de catatonia, cuando ya familiares de los muchachos de Ayotzinapa y de otros desaparecidos habían descubierto que hay restos humanos enterrados a la mala en medio estado de Guerrero, esas dependencias se vieron obligadas a intervenir. De pronto, los ciudadanos que fueron a parar a tales pudrideros, porque el Estado los había dejado indefensos, recibieron una inopinada atención oficial en forma de cintas amarillas o rojas para delimitar el área y policías y militares armados hasta los dientes que resultaban grotescamente innecesarios a meses o años de cometidos los crímenes respectivos. Después de unas semanas la PGR trasladó sus aspavientos al basurero de Cocula –un sitio que según las pruebas recabadas ha sido empleado de tiempo atrás para incineraciones clandestinas sin que ninguna autoridad moviera un dedo– y en menos de nueve días ya tenía armado un guión escalofriante sobre el supuesto fin de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Como en otros sitios del país, la autoridad reclamaba los restos como de su propiedad, y en las diligencias respectivas marginó –ahora lo sabemos en forma inequívoca– al equipo del EAAF que participaba en la investigación por demanda de los familiares de los muchachos. Los videos, las declaraciones y los informes de las torturas realizadas para convertir a albañiles inocentes en pavorosos sicarios de Guerreros unidos hacen pensar que el único fragmento que ha sido positivamente identificado como perteneciente a uno de los 43 fue en realidad sembrado en el lugar por la gente de Tomás Zerón de Lucio.

Y todo, ¿para qué? ¿Por qué la obsesión de los gobernantes en expropiar cuerpos muertos o pedazos de hueso calcinado? ¿Qué caso tiene la aparatosa protección policial a lo que queda de los muertos cuando no se brindó la menor protección a los vivos?

Porque los muertos hablan. A pesar de su silencio obligado, de su extremo deterioro, de la dispersión de sus miembros y moléculas, con mayor frecuencia de lo que se piensa son capaces de contar la verdad de su muerte y de señalar a sus asesinos. Lo han dicho los restos documentadamente hallados en Cocula: “no pertenecemos a ninguno de los 43”. Lo sugiere el único fragmento de hueso identificado: “a mí me trajeron de otro lado y me sembraron aquí”. Lo ha dicho algún cadáver de los de Tetelcingo: “me torturaron y me dieron el tiro de gracia, pero nadie ha investigado”.

Y todo indica que en estos 10 años diversos poderes públicos del país no sólo han sido testigos ineptos de la matanza, sino también, en no pocos casos, participantes activos. Tal vez de allí venga ese afán de los listones amarillos, los guardias artillados y blindados, la expropiación de los muertos. Hay que callarlos cueste lo que cueste.